El falso caso Wallace / En la opinión de Ricardo Raphael

Ricardo Raphael / APRO / MX Político.- No es la primera vez que alguien señala como abominable fabricación el supuesto secuestro y asesinato de Hugo Alberto Miranda Torres. En estas mismas páginas otros periodistas aportaron antes información que conduce a la descabellada hipótesis: Isabel Miranda de Wallace habría inventado una noticia perversa que le entregó fama, influencia y poder.

En estas mismas páginas otros periodistas aportaron antes información que conduce a la descabellada hipótesis: Isabel Miranda de Wallace habría inventado una noticia perversa que le entregó fama, influencia y poder.


Se suma al grupo de investigadores del caso Wallace la periodista Guadalupe Lizárraga. Hace dos meses publicó –en versión electrónica (Amazon.com)– un texto demoledor. Es imposible soltar “El falso caso Wallace”. 


La periodista acusa a Isabel Miranda de haber declarado muerto a su hijo, Hugo Alberto, después de simular su secuestro. Sistematiza una colección abultada de dudas que contagia con su razonamiento. 


Las imputaciones vertidas, en caso de ser ciertas, tendrían implicaciones políticas de proporciones gigantescas, porque Isabel Miranda contó en su proceder con el respaldo incondicional de Felipe Calderón como presidente y también de Genaro García Luna como secretario de Seguridad Pública. 


Vale la pena presentar aquí algunos de los principales argumentos de “El falso caso Wallace”, como que todos los inculpados aseguran haber sido torturados y su narración es horripilante. Destaca en este libro el testimonio de Brenda Quevedo, quien declara haber sido violada en varias ocasiones por funcionarios de la Procuraduría.


Juana Hilda González Lomelí, la primera persona inculpada por el secuestro, se habría autoincriminado después de sufrir tortura física, abuso sexual y amenazas contra su familia. 
Ella, junto con César Freyre, Albert Castillo y Tony Castillo fueron condenados a 100 años de prisión. Jacobo Tagle, Brenda Quevedo y Jael Malangón llevan alrededor de una década tras las rejas, sin que se haya dictado sentencia en su contra.

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