La construcción de la carencia hídrica alrededor del proceso electoral/ En la opinión de Hugo Hernández

Por Hugo Hernández Gamboa

Hasta hace un par de semanas los habitantes de algunas colonias de Ecatepec cerraron por las noches durante dos días consecutivos la principal vialidad que conecta el municipio del Estado de México con el territorio de la Ciudad de México, la avenida Hank González. Como otros tantos, estos bloqueos, respondían a la necesidad del vital líquido, el cual, según los afectados, había dejado de llegar desde hace por lo menos un mes.

Lo anterior recobra importancia en el contexto de la discusión política-electoral en la cual se ha insertado la identificación del cierre de válvulas en algunas delegaciones de la Ciudad de México. El debate actual se centra entonces en los usos políticos del líquido, sobre todo en tiempos electorales.

Sin embargo, deberíamos poner los ojos más allá, cómo alguien tiene interés en subordinar a través de “crear” la precariedad y carencia del líquido, a una población determinada, utilizada para fines electorales.  

Dicho usufructo no es igual a las viejas prácticas corporativas propias del sistema político mexicano, como a veces quiere hacerse ver. El clientelismo, incluso, está lejano a dichas prácticas.

La problemática hídrica refiere en esencia a los procesos de significación, de valorización, de apropiación y de despojo del líquido, más que en un simple intercambio de agua, por la obtención de votos.

Se utiliza, por un lado, un discurso de fenómeno natural (“todos tenemos derecho el agua, que es un bien que la naturaleza nos provee”) el cual permite una legitimación política; y por otro lado, un discurso de partidos políticos y de engranaje clientelar (“el agua requiere pagarse, transportarse, ergo, voten por mí y yo les abasteceré”).

Y no es que no exista una escasez “real” del líquido, sino que existe una construcción de la carencia que busca mediante la incertidumbre y la esperanza cotidiana de tener el líquido en sus hogares incidir y direccionar el ejercicio del sufragio.

En algunas investigaciones se ha demostrado cómo los piperos, los manejadores de válvulas, los líderes de colonia o los funcionarios públicos menores que trabajan en el área de la gestión del líquido “venden” electoralmente el líquido. 

En este sentido la escasez no responde a una carencia absoluta de agua, sino a una precariedad construida políticamente, donde lo político no busca resolver hídrico sino donde, a partir de esta construcción de la carencia, lo hídrico solucione lo electoral.

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Hugo Hernández Gamboa, licenciado en Ciencia Política y Administración Urbana. Maestro en Ciencias Sociales y Humanidades. Doctorante en el programa de Ciencias Sociales con línea de investigación en Sociedad y Territorio en la UAM Xochimilco. Twitter: @hugohgamboa

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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